Anillando en el Ártico: experiencias de un anillador en los 69º Norte. Primera Jornada de Anillamiento.

Kaixo Denoi!

¡Hola a todos!

El 1 de Agosto aterrizaba ya en tierras noruegas, recién despedido de mi gente, mis lugares y de mis últimas aves anilladas en la Península Ibérica por al menos 1 año. La pena de dejar atrás tantas personas, lugares, rincones y momentos queridos se mezclaban con la ilusión enorme de poder explorar el Gran Norte y disfrutar de todos los secretos que guarda. Para aquellos recién llegados al relato de mis aventuras, me encuentro en Tromsø, Noruega, una pequeña ciudad de 70000 habitantes situada en una isla de origen morrénico (Tromsøya) en medio de un fiordo a 69°39′07″N (a aproximadamente 200 km por encima del Círculo Polar Ártico).Esta ciudad es uno de los últimos baluartes de la civilización antes del Gran Ártico: de hecho es la ciudad de la que la mayoría de las expediciones de exploración del Ártico y de la Gran Banquisa del siglo XIX partían. Hasta hace poco, la casa en la que se hospedaba Amundsen no era sino una discoteca… una muestra de cómo la Civilización, la Historia y la Naturaleza salvaje se dan cita en este frío rincón nórdico.

Sin embargo, no ha sido hasta este pasado fin de semana cuando he podido realmente participar en una jornada de anillamiento. Por supuesto que ha habido “pajareo” previo, gaviotas canas (Larus canus), gaviones atlánticos (Larus marinus) y sombrías (Larus fuscus) me daban los buenos días desde mi tejado o a la salida de una discoteca; lagópodos escandinavos (Lagopus lagopus lagopus) correteaban a la entrada de mi facultad y ostreros y zarapitos se agrupaban en los márgenes de la costa al lado de la línea de bus que suelo coger para ir al centro. Lo que en nuestra (o ahora más bien vuestra) latitud es impensable, aquí es común: las gaviotas canas sustituyen a las palomas, los lagópodos a las perdices, las cornejas cenicientas (Corvus cornix) a las comunes (Corvus corone) y las picarazas… bueno, ¡las picarazas siguen estando aquí también!

Así que el viernes, entre una cortina de agua que me empapó en dos minutos, me monté en el coche de un anillador noruego rumbo al Øvre Dividal National Park, donde desde hace años se encuentra la Dividalen Birdringing Station. La conversación, al principio forzada (ya sabéis, un vikingo es un vikingo), dio paso rápido a una avalancha de preguntas por parte del que escribe (con principal contenido ornitológico), mientras cruzábamos fiordos custodiados por montañas que desde el nivel del mar alcanzaban más de 1000 metros de altitud, glaseadas de nieve y hielo. Tras 2 horas y media de coche, llegamos a la entrada del valle de Dividalen: un antiguo fiordo recorrido por un gélido río que riega un bosque de abedules (Betula pendula) en el que se entremezclan manchas de Pinus sylvestris, que desaparece al alcanzar los 200 metros de altitud para dejar paso a roquedos y pastizales tipo tundra. Otra media hora a través de pista forestal nos deja en un margen derecho de la “carretera”, al lado de una delicada cascada, en la Dividalen Birdringing Station: una cabaña de madera más bien pequeña formada por 4 estancias: cocina, habitación de anillamiento, habitación de equipos electrónicos (un conjunto de radios de coche que por medio de baterías (de coche también estas) reproducen reclamos en distintas partes del bosque gracias a un entramado kilométrico de cables y altavoces) y habitación de dormir (literas y colchones). ¿Y el baño? ¡Ah amigos! Una caseta de madera a unos muy estratégicos 20 metros de distancia y un agujero en el suelo son un buen sustituto del señor “Roca”.

Panorámica del bosque mixto de abedules y pino royo.

Bosque de abedul en la vaguada en la que se encuentra la estación de anillamiento de Dividalen.

Estación de anillamiento en el corazón del bosque de abedules.

Nada más llegar oigo el canto de un pechiazul a un volumen infernal, me acerco subrepticiamente a la foresta y, antes de divisar al “ave” (un altavoz camuflado en un abedul) caigo en una red japonesa como un guiri cae desde la Fuente de la Navarrería. ¡No he hecho ni llegar y ya voy a tocar pluma! Al poco me presenta Nils ,el noruego con el que he llegado al orto (por no decir culo) del mundo, a Karl-Birger, el líder del grupo de anillamiento del condado de Trøms y a Matthias, un chabal de 16 años pelirrojo como un atardecer en La Bardena y que me recuerda mucho a alguien que yo me sé no hace mucho tiempo…  Tras montar varios paños más damos una de las últimas vueltas por las redes. Son las ocho de la tarde y las capturas comprenden pechiazules (Luscinia svecica svecica), pardillo sizerín (Carduelis flammea) y carbonero sibilino (Poecile montanus). Cae la noche y me pregunto si se recogeran las redes. Sin embargo, desde la cabina del Dj cambian el reclamo a uno muy similar a un autillo… ¡mochuelo chico (Glaucidium passerinum)! Seguimos dando vueltas infructuosas por las redes hasta las 00:30, y Nils decide apagar el reclamo y que nos vayamos a la cama (Karl ya se ha ido a su casa por problemas logísticos, volverá por la mañana). El sueño poco a poco amortigua mi nerviosismo por los dos bimbos de hoy, y entre mis ojos pitañosos miro el reloj: la 1:30. La conversación en noruego entre Nils y Matthias se me hace cada vez más pesada, así que cuando se deciden ir a la cama, soy un hombre feliz. Pregunto por la hora de levantarse. La respuesta hace que El Anillador Intrépido sea un poco menos intrépido: 3:30… “Ay ama, mañana va a ser un día muy largo”.

Los altavoces diseminados por el bosque están conectados a la caseta de anillamiento por una red de cables kilométrica.

Las redes son de 18 metros de largo y de 16 mm de malla y son montadas en postes de 8 metros. En cada línea entran dos redes, una encima de otra, izadas por poleas hasta llegar, en muchos casos, a alcanzar el nivel de las copas de los árboles.

A la “mañana” nos levantamos, y sin desayunar vamos a las redes: los primeros túrdidos con sus tempraneras costumbres saludan el día: pechiazul, zorzal común (Turdus philomelos), alirrojo (T. iliacus) y real (T. pilaris) adornan los paños. También hay algún colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus) que otro y bastantes mosquiteros musicales (Phylloscopus trochilus). Los mosquiteros musicales de aquí pertenecen a la subespecie acredula y son notablemente más apagados (en mano) que los que acostumbramos a capturar ahí. No los datan por el límite entre álulas (según Karl es mejor hacerlo en latitudes más bajas cuando ya hay un desgaste diferencial) y los datan por coloración de pecho y garganta. De estos no tengo fotos, el volumen de pájaros era brutal.

El zorzal real es una especie muy común aquí, de hecho en mi casa crían en el bosquete de enfrente a dolor. El individuo que capturamos es un juvenil y Nils me prohíbe sacarle foto: “you should see an adult one, those are worth a photo”. Del que sí tengo fotos es de la alirroja, ahí van unas cuantas:

Turdus iliacus: destaca la ceja pálida y el “collar” ocráceo.

Turdus iliacus: vista de los flancos teñidos de rojo sangre.

Turdus iliacus, edad Euring 3 (individuo nacido en el año). Las cuñas blancas de las terciarias son rasgos inequívocos de ser un ejemplar juvenil.

A medida que la mañana avanza, los túrdidos son reemplazados por fringílidos: pinzones reales (Fringilla montifringilla) y pardillos sizerines atestan (literalmente) las redes. Y ahora un poco de teoría ornítica. El caso de los sizerines es uno curioso: son de muda Tipo 2 (postnupcial completa, postjuvenil parcial). Resulta muy difícil apreciar límites de muda en las cobertoras mayores, sin embargo la cola puede resultar de utilidad (aunque gran cantidad de juveniles cambian la cola en su totalidad), así que en principio podríamos diferenciar, en este momento, individuos código Euring 3 (nacidos este año), códigos 4 (individuos con cola mudada y caracteres de adulto y plumaje desgastado) y códigos 5 (individuos con plumaje desgastado y cola juvenil, además de posible límite de muda en CMs). Pero no es tan sencillo: los sizerines aquí son llamados “the lemming birds”, dado que a los 3 meses de volar ya pueden empezar a hacer puestas siempre que haya alimento suficiente, por lo que la población un año puede dispararse de manera brutal. De hecho, cuando se reproducen muchos no tienen caracteres de adulto. Así, se puede uno encontrar pollos prácticamente de Marzo-Abril a Noviembre, con placa incubatriz y con caracteres de juvenil. A esto se suma otra circunstancia: las hembras adquieren su plumaje típico en la postjuvenil parcial (listas en los flancos y frente roja); mientras que los machos en su parcial sólo adquieren la frente roja y el pecho, pero NO los flancos, que siguen siendo listados. No será hasta la completa del año que viene cuando adquieran flancos rojos. Así, el datado de los machos se basa en la extensión de la coloración del rojo por los flancos. Ahora bien, en este momento hay individuos que ya han acabado la completa (edad Euring 4) y tienen los flancos completamente rojos, individuos que la están acabando pero conservan plumas rojas en los flancos y que provienen de la completa del año pasado (código Euring 6)  e individuos que sin acabar la completa carecen de plumas rojas en los flancos pero sí tienen en el pecho (código Euring 5). Y todo esto para los machos, para las hembras se recurre a la cola y punto, así que es difícil datar hembras código 6 (¡ojo! algunas hembras 6 pueden poseer algo de rojo en el pecho, para más inri). Y otra cosa muy curiosa: aquí no datan según el desgaste de las primarias en  edad Euring 5 ó 6, sino sólo en 4.

Ahora explicada la teoría, una batería de fotos:

Carduelis flammea: obsérvese que el único rojo presente es el de la frente. Esto conlleva que este ave haya mudado ya, al menos, las plumas del cuerpo.

C. flammea: el plumaje fresco del ala, así como las plumas del cuerpo mudadas caracterizan a este animal como juvenil. Se intuye un límite de muda en las CM, siendo las 5 más externas juveniles. Hay casos claros como este en los quese aprecian bien los límites. Debido a la coloración de la frente y la ausencia de rojo en el pecho, se trata de una hembra de primer año (edad Euring 3).

C. flammea. Cola juvenil (extremos apuntados).

C. flammea. la presencia de rojo en pecho y flancos es típico de un macho adulto (entendiendo adulto como un individuo que ha hecho, al menos, una completa). Examinemos ahora las alas y la cola.

C. Flammea: este individuo está ultimando la muda postnupcial completa. El “despeine” de las secundarias es debido a la manipulación humana. Obsérvense las CM con ribetes pardo-ocráceos homogéneos. P9 y P10 están todavía en crecimiento. Edad Euring 4.

C. flammea: el obispillo listado y manchado de rojo lo distingue del Carduelis hornemanni, especie con la que en un par de meses tendré la oportunidad de meter la gamba.

Y un regalito muy muy especial: una subespecie de sizerín considerada rareza en Noruega. C.  flammea rostrata, reproductora en Groenlandia e Isla de Baffin, caracterizada por ser notablemente más grande y por poseer un pico largo y afilado tipo jilguero (Carduelis carduelis).

A la izquiera de la fotografía se encuentra el ejemplar perteneciente a la subsp. rostrata. Destaca el tamaño mayor corporal y el afilado pico (todo apoyado por medidas biométricas). A la derecha ejemplar perteneciente a la subsp. flammea.

C. flammea rostrata. Detalle del alargado pico que recuerda a una cardelina (C. carduelis)

Para ir acabando, unas foticos variadas, entre ellas de ¡pinzones reales haciendo completas!

P. montanus: características mejillas blancas y gris dorso.

Pinzón real (F. montifringilla) macho adulto. detalle de la cabeza.

Detalle del ala de pinzón real (F. montifringilla) terminando la muda completa (obsérvese que la secundaria más interna todavía no ha crecido del todo).

Sin mirar más abajo… ¿especie?

¡Efectiviwonder! Luscinia svecica 3J… el primer pollito sin hacer l parcial que anillo. ¡Es lo que tiene muestrear en una zona de enebro (Juniperus sp.) en la que crían estas maravillosas aves!

Colirrojo real (P. phoenicurus). El diseño de la cabeza y la coloración típica de un macho. Este campeón será aún más espectacular la primavera que viene.

Límite de muda entre las dos CM más internas (coloración gris ceniza) y el resto de Cm y de terciarias. individuo que ha realizado una muda postjuvenil parcial, nacido en el año (edad Euring 3).

El sábado siguió la misma dinámica de trabajo que el viernes en cuanto a la noche se refiere… a las diez y media apagamos los reclamos de paseriformes y encendemos el de mochuelo chico. A las 00:30 se da la última vuelta y apagamos los reclamos: a excepción de algún túrdido despistado, ni rastro de estrigiformes.

El domingo, sin embargo, empieza de forma muy distinta: primera visita a la red grande (situada en zona urogallera) a las 03:45 y un bicho relativamente grande en la red… el corazón se me acelera y comienzo a jurar como un buen navarro, repasando el santoral cristiano y múltiples genealogías familiares, a la velocidad del rayo corro a la red (ante el asombro de Nils y Matthias, que creen que sufro de enajenación mental transitoria): unos ojos amarillos como dos soles me con templan suspendidos con mirada asombrada. Yo, ojiplático perdido, le devuelvo la misma mirada… ¿quién está más descolocado de los dos?  ¡¡¡MOCHUELO BOREAL/LECHUZA DE TENGMALM (Aegolius funereus)!!! El resto de las redes proporcionan un par de kilogramos de pinzones reales y sizerines, túrdidos, varios sibilinos y una especie que les hace saltar de alegría: verderón común (Carduelis chloris), especie muy poco frecuente (se me pasa fugazmente la imagen de Loza por la cabeza…) en el parque. La otra alegría del día es encontrar huella de oso pardo y excrementos… además un anillador que llegó por la mañana lo vio por la pista forestal. ¡Viva el Gran Norte!

Vista general del maravilloso ejemplar de Lechuza de Tengmalm, también llamado Mochuelo Boreal (Aegolius funereus), una ave propia de los bosques maduros del Norte de Europa, y con poblaciones relictas en alguna cadena montañosa del Sur de Europa.

Individuo datado como juvenil por poseer una sola generación de primarias y secundarias. No pregunten acerca de la estrategia de muda al menda pues no me comentaron nada al respecto. En próximas entregas espero poder explicar algo más.

La “asombrada” mirada que caracteriza a esta estrigiforme nórdica. Francamente espectacular, una joya biológica.

El día pasa con la indudable emoción de capturar ingentes cantidades de pinzones reales y sizerines (hace 4 años se marcaron en migración postnupcial 14000 sizerines, me han asegurado que un mes voy a llorar de desesperación en las redes) y con la desagradable sensación de no entender horas de conversación en Noruego. Espero que en próximas jornadas ellos hablen más inglés y yo algo más de Noruego (ahí voy con los cursos…). Es curioso, pero estando en un lugar tan bello y con el otoño entrando en los bosques árticos de abedules me he acordado mucho de mis rincones de Aralar, de Badina, Loza y de vosotros… ¡maldita sea!

Balance de capturas: 550 ejemplares de 10 especies.

Finalmente, a las 20:15 salimos para Tromsø Nils y yo, ahora sí mucho más hablador y me pregunta si el próximo “finde” iré a anillar, que están muy contentos y que si yo lo estoy: le aseguró que ha sido IMPRESIONANTE y que cuente conmigo, pero me parece que este finde necesito desconectar un poco… el deber sociocultural de la noche polar me llama…

Besarkada bat!

Un abrazo muy fuerte desde el Ártico. Se acuerda mucho de vosotros,

El Anillador Inquieto

P.D. un par de fotos de Aurora borealis, la última dedicada a Navarra

Un anillo verde de polvo de estrellas en el cielo polar.

De colores variables, pasan de estar estáticas durante segundos a moverse como si se tratase de granos de arena llevados por el viento.

Aurora borealis con dedicación especial a mi tierra: ¡es un auténtico Lauburu!

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2 pensamientos en “Anillando en el Ártico: experiencias de un anillador en los 69º Norte. Primera Jornada de Anillamiento.

  1. Muy bueno Anillador Intrépido!!
    La lechuza espectacular! Gran diario de bitacora!!
    Esperamos seguir leyendo tus entradas iñiguito!!
    Disfruta y un fuerte abrazo Anillador Intrepido!!
    Espero una foto tuya con el OSO!!
    Xabi

    • Kaixo,
      Pero que envidia me das, (de la mala eh! no de la buena)… menos por el lio de mudas del pardillo sicerin, claro! Cuando vuelvas y no tengas 1500 pinzones reales en la red ya nada te va a emocionar… Ah! Una cosa, esos noruegos no saben lo que es correr de emoción a la red cuando ves un bulto gigante??? Desde luego, que sosos… Muxus y que disfrutes tus obligaciones socioculturales!

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